#FilosofíaDelOjo – Lo que Yukio Mishima y los samurais pueden enseñarte para tu vida personal y profesional

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El sábado 23 de abril, día del libro, me encontré por casualidad un libro en un puesto callejero de la Librería Colón de Badajoz, al que no pude resistirme. Es la ética del samurai en el Japón moderno. El fin de semana fue contemplativo así que entusiasmada me leí el libro el mismo sábado.

Hace un tiempo que me interesan los samurais y había leído previamente el Hagakure – una obra literaria japonesa escrita por Yamamoto Tsunetomo (1959 – 1719), un samurai que en el siglo XVIII se retiró a las montañas para escribir las reglas del bushido con la intención de ser útil a las generaciones venideras – y La sabiduría del samurai – un libro que contiene cinco textos clásicos de la cultura japonesa guerrera; el camino del guerrero de Yamaga Soko, el gobierno de los guerreros de Tsugaru Kodo Shi, Fundamentos de las cuestiones militares de Yamaga Takatsune, la educación de los guerreros de Yamaga Soko y Cartilla de educación militar de Yamaga Soko.

En mitad de la sociedad líquida, en la que el mensaje predominante es que la pasión y la motivación son los factores más importantes – parecería que si alguno/a tiene un trabajo no apasionante es un fracasado/a -, parece que otras ideas como la voluntad o la disciplina se están dejando aparcadas. Ya lo dice José Antonio Marina en su libro el misterio de la voluntad perdida. Pues bien, La ética del samurai en el Japón moderno, es un libro, que para mi contiene un mensaje mucho más realista – y absolutamente intemporal – que muchos de los libros de autoayuda que proliferan a diestro y siniestro. Y es que si uno quiere mejorar o evolucionar en la vida, además de otras actividades, bien podría acercarse a los clásicos. Ellos contienen, como digo, verdades universales e intemporales.

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Lo que Yukio Mishima y la ética del samurai en el Japón moderno pueden enseñarnos

Dice Yukio Mishima que la juventud tiene dos grandes compañeros, que son, los amigos y los libros. Los primeros son de carne y hueso y cambian con los años de tal modo que el paso de los días les hace perder la emoción y lo mismo pasa con los libros. Sin embargo, hay libros a los que se recurre una y otra vez y me da que éste de Mishima va a ser uno de ellos.

Algunas de las ideas que aplico o que pretendo aplicar a mi vida – y que cualquiera puede aplicar si así lo estima conveniente – recogidas en el libro son las siguientes:

La exaltación de la energía: la energía del ser humano es la que le permite realizar grandes acciones. Nunca hay exceso de energía. Si se limita la vida cotidiana al ejercicio de la virtud de la humildad, el entrenamiento diario no producirá ese ideal de acción intensa que trasciende la práctica misma.

La decisión: Mishima recoge del Hagakure lo siguiente: “Descubrí que el camino del samurai es el camino de la muerte. En una situación de vida o muerte, elige, simplemente una muerte rápida. El que elija seguir viviendo y que además siga vivo tras un fracaso o deshonor, será despreciado por cobarde. Si elige la muerte, nunca sentirá vergüenza”.

La libertad, según el Hagakure, reside en la decisión a todas horas de morir. El hombre no se equivoca cuando piensa que lleva la muerte al lado, cuando es consciente de la presencia constante de la muerte. Hay que leer entre líneas para comprender este punto.

La delicadeza: el talento social del ser humano se mide por el grado de su delicadeza hacia los demás. Este asunto me resulta fundamental. Casi todos habréis leído por las redes esa idea de “trata a los demás como te gustaría ser tratado”; esta idea tiene que ver con eso. Aconsejar es gratis. Su recomendación es que lo primero que hay que saber es si la persona a quien vas a corregir aceptará o no tu opinión. Después, hay que crear un clima de confianza y estar seguro de que va a escucharte con buena fe. Hay que buscar las palabras justas y el tono y momento adecuados; se puede incluso empezar por hablar de las faltas o fracasos que uno mismo ha cometido, después referirse a sus cualidades haciéndole sentir bien y animado y finalmente, le corriges los “defectos”. Criticar es un asunto muy difícil.

Tolerancia: dice proverbio “en aguas claras no viven los peces”. Es decir, a los peces les gusta que haya algas u otras plantas acuáticas sobre las que esconderse. Aplicado a los humanos, cerrar los ojos de vez en cuando y pasar por alto menudencias permite que los demás puedan vivir tranquilamente y con más paz. En Hagakure, Yamamoto recomienda adoptar como filosofia de la vida cotidiana el cerrar deliberadamente los ojos y ser indulgente con las pequeñas cosas.

Actualmente, los límites de la indulgencia se han rebasado y se ha llegado a una permisividad excesiva. Este extremo no es tolerancia sino laxitud e impunidad.

Saber vivir: algunos maestros samurais dijeron “Adopta un talante ligero en los asuntos graves y un talante grave en los asuntos ligeros”. Todos sabemos que los asuntos verdaderamente graves son pocos, dos o tres en la vida; por este motivo, es necesario planear con tiempo qué hacer en caso de que se presenten y poder contar así con las soluciones más adecuadas. Sin una preparación diaria, resultará difícil tomar una decisión rápida llegado el momento. La idea es DECISIÓN. Tomar decisiones debería ser un hábito diario

entrenamientoLa preparación y la decisión: debido a que la preparación ha sido larga uno puede ejecutar una decisión con toda celeridad. Se trataría de disciplinarse para estar preparado y poder actuar en el momento dictado por el destino. En el caso de por ejemplo, los deportistas, la gente suele fijarse únicamente en que ha ganado el premio X e incluso mucha gente alude a “la suerte” del deportista; sin embargo, ese deportista es que estaba preparado, estaba disciplinado y pudo competir en el momento oportuno de forma decidida. Esta idea es igualmente aplicable a cualquier trabajo. Uno debe disciplinarse, estar continuamente formándose, porque puede que en un momento dado, llegue el cliente ideal que siempre estuvo esperando o buscando, y por su preparación previa, pueda satisfacer y superar las expectativas de ese cliente.

La aceptación de la constante decisión de la muerte: como comentaba en el apartado de “la decisión”, hay que leer entre líneas. Todas las mañanas, los samurais hacían sus abluciones, se rasuraban el cráneo, se perfumaban la coleta, se cortaban las uñas de manos y pies, se las raspaban con piedra pómez y las coloreaban con koganegusa. Eran diligentes en el aseo personal sin por ello faltar a su compromiso. Ponían cuidado en que su espada y daga no se oxidaran, les quitaban el polvo y las bruñían. Aunque esas rutinas diarias pudieran parecer frívolas, no venían dictadas por la moda. En un combate o batalla de vida o muerte, el samurai podía morir en cualquier momento. Si entonces, se observara un aspecto físico no aseado, se pensaría de él que era una persona desaliñada, siendo objeto de burla y menosprecio. En resumidas cuentas, el cuidado personal puede llevar tiempo y causar pereza, pero el camino del samurái es así 🙂 El samurái nunca sentirá vergüenza si está siempre preparado para morir.

intelectualSobre los intelectuales: recientemente se ha publicado un libro que se llama “La desfachatez del intelectual”. Muchas veces comento con amigos cómo muchos conocidos con estudios universitarios, desde su posición prepotente de universitario – tontos ilustrados que diría Jaime Álvarez Buiza – se atreven a opinar de cualquier tema pues supuestamente, su nivel de universitario le autoriza para ello. Esto dice el Hagakure: “Lo mismo ocurre con las personas con estudios: esconden su cobardía y su codicia bajo la capa del intelecto y la elocuencia. Así consiguen engañar a la gente”.

Las palabras y las acciones cambian el corazón humano: dice el Hagakure que jamás salga de nuestros labios, ni siquiera en la más trivial de las conversaciones, una expresión cobarde, porque las palabras pusilánimes hacen al corazón cobarde y ser tomado por cobarde es igual que serlo. El mínimo desliz en el hablar o el actuar puede arruinarnos toda nuestra filosofía.

Dice el Hagakure: “Un samurái debe ser cuidadoso en todo y evitar fallos o defectos por pequeños que sean. A veces se le podrá escapar algún desliz y de sus labios puede que salgan expresiones como “qué cobarde soy”, “lo mejor será escapar con vida”, “qué miedo”, “fue terrible” o frases por el estilo. Tales expresiones no se le deben oír nunca a un samurái, ni en broma, ni dormido, ni exagerando. Si las escucha una persona sagaz, enseguida sabrá cómo es el corazón de ese samurái. Hay que estar siempre vigilante”.

El lenguaje de tiempos ecuanimidadde paz: No es samurái quien en tiempos de guerra usa un lenguaje altisonante y rudo y en tiempos de paz recurre a un lenguaje suave y tranquilo. Lo más esencial es mantenerse ecuánime y consecuente. Las palabras y los actos del ser humano determinan su interior.

Sobre la edad: aunque siempre he defendido la idea de que la edad es relativa y en mi primera juventud me molestaba esos familiares que se referían a mi diciendo cosas como “qué sabrás tu de la vida”, etc. este punto que recoge el libro me ha gustado especialmente; más observando el entorno y lo que la gente opina en las redes sociales, habiendo incluso algunos que pretenden sentar cátedra. Me gusta más enfocarme en esto que sugiere Mishima inspirado en el Hagakure; dice que antes de los 40 años te enfoques en conseguir HABILIDAD Y FUERZA  y después de esa edad ya podrás hacer uso de INTELIGENCIA Y SENSATEZ. El texto dice lo siguiente:

“Hasta no cumplir los 40 años tienes que esforzarte al máximo en no dejarte confundir por la inteligencia o la sensatez, debiendo depender de tu energía y habilidad. Una vez cumplidos los 40, y en función de tu naturaleza y posición social, la persona no podrá lograr nada en la vida sin carácter ni fuerza interior”.

La adversidad: hoy se habla de resiliencia. La idea se resumen en que una persona que se cansa o se desanima cuando las cosas le van mal no sirve para nada.

Maquillaje: en el Hagakure, la moralidad está determinada básicamente por la estética. La persona bella tiene que ser fuerte, vital; debe rebosar energía.

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La tensión: en Hagakure, LA PEREZA ES EL VICIO SUPREMO. Se pone de manifiesto la razón de llevar una vida diaria de tensión cien por cien vigilante. Dice Mishima que hay dignidad en la diligencia, en la constancia, en la serenidad, en el guardar silencio, en la observancia de la etiqueta y los buenos modos.

La dignidad: es preferible la muerte al desprecio de los demás. En este punto, recoge además otra idea clave y es que no podremos cumplir con nuestro trabajo si no nos mantenemos a una distancia discreta de nuestros superiores (o aliados). No se podrá trabajar bien si ellos se sienten cómodos a nuestro lado y nos tratan como a una faltriquera, una de esas bolsas monedero que se llevan ceñidas a la cintura. #NoOlvidar

Ya la semana pasada, el neurocientífico y psicólogo Howard Gardner advertía que “una mala persona nunca puede ser un buen profesional”. Pues bien, considerar y tratar de llevar a la práctica esto que nos cuenta Mishima puede contribuir a nuestra mejora como personas y por ende, como profesionales.

Lo escribe: PAZ HERNÁNDEZ PACHECO

Fte.: La ética de samurái en el Japón moderno. Yukio Mishima.

 

 

 

 

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