#FilosofíaDelOjo – Desarrollo sostenible, igualdad de oportunidades y violencia de género

CEI Piramide de las necesidades Maslow 02

Era el año 2005 cuando inicié mi trayectoria profesional después de haber terminado la Licenciatura en Ciencias Ambientales y el Máster en Desarrollo Local Sostenible sobre la Agenda 21.

Cuando una termina la carrera universitaria – al menos una parte de mi generación así lo comprendía (nada que ver con hoy) – pensaba que su trabajo estaría únicamente centrado en lo que había estudiado. Sin embargo, en mi caso, las cosas no fueron así, aunque luego encontré la relación. Llegué a mi primer trabajo en una consultoría de formación y proyectos generalista a propósito de la Agenda 21 y por saber algo de inglés. Un señor, que aunque español, era prácticamente americano – recién llegado de EEUU después de haber estado 25 años allí como geólogo – quería comenzar a desarrollar el departamento de proyectos, e inicialmente, entré a formar parte del equipo por esas dos cuestiones; como “guía” de este señor para aprender a moverse en el complicado – para su mente americana – entramado del tejido público extremeño; queríamos comenzar a movernos con la agenda 21 local, un programa para el desarrollo local sostenible de territorios, que por aquel entonces, estaba en pleno auge en Extremadura (y que actualmente está consolidado en lugares que tanto me gustan como el País Vasco, con su característica y gran visión e inversión a medio – largo plazo en cuestiones medioambientales y otras).

Entre los diferentes clientes, agentes, actores con los que se relacionaba la consultora, estaba una organización de mujeres empresarias, entre cuyos fines, se perseguía el logro de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres así como el desarrollo profesional de las mujeres. Nunca antes me había acercado a este tema – a excepción de alguna lectura de la filósofa Simone de Beauvoir – y parece ser que llegué a ese tema para alimentar una de 3 patas del desarrollo sostenible; la social.

Qué tiene que ver el desarrollo sostenible con la igualdad de oportunidades y la violencia de género

Así, una de las primeras convocatorias públicas en las que participé con este asociación, fue la de los proyectos de educación ambiental que se promovían desde la Junta de Extremadura mediante el cual participé en la elaboración de mi primera “publicación” a modo de guía que llevaba por título “Igualdad y equidad de género como elementos indispensables para el logro de desarrollo sostenible” y fue en esa investigación en la que encontré la relación.

wangari

El capítulo 24 de la Agenda 21 local recoge medidas mundiales en favor de la mujer y para lograr un desarrollo sostenible y equitativo.

Después de eso, y paralelamente a la realización de proyectos medioambientales, tuve la oportunidad de trabajar desarrollando diagnósticos de género y planes de igualdad – que nunca iban en contra de la meritocracia – en organismos públicos, en empresas privadas, en colegios e institutos así como realizando proyectos para la conciliación de la vida familiar y laboral, consumo de alcohol, tabaco y psicofármacos en hombres y mujeres, drogodependencias desde la perspectiva de género, etc. y además, durante un tiempo, cursé algunas asignaturas de Psicología por la UNED, entre ellas, psicología social, fundamentos biológicos de la conducta, psicología evolutiva, psicología de las diferencias individuales, etc.

Durante años, estuve verdaderamente entusiasmada con el tema. Luego, me alejé del mismo, por motivos personales y conclusiones vitales; como por esas experiencias que en ocasiones me encontraba por el camino al cruzarme con hembristas que se hacían llamar feministas – y contribuían a sembrar el desconocimiento del significado real de feminismo -, o por no identificarme con determinadas corrientes feministas que querían anteponer determinadas medidas a costa de la libertad individual de las personas y la capacidad de negociación que, en mi opinión, siempre debe poder anteponerse en la pareja (léase el caso de Soraya Saénz de Santamaría cuando no quiso cogerse sus 4 meses de maternidad y una parte de la corriente feminista, se le echó encima). Además, coincidieron otras situaciones, como tener que toparme con los denominados sexistas benevolentes – otro día hablaré sobre la teoría del sexismo ambivalente – o simplemente, porque todos tenemos épocas, y un día decidí que ya no emplearía mi energía en convencer a nadie de nada; entendí que el desarrollo intelectual y la apertura mental son una responsabilidad individual y que, por otra parte, las bibliotecas son gratis.

No obstante, y sin descartar esta experiencia vital, últimamente, he vuelto a tener contacto con la realidad de la socialización de género, que sigue estando tan presente a través de las 4 vías principales – familia, profesorado, medios de comunicación e iguales -. La diferencia está en que ahora no me apego – es decir, he desarrollado la capacidad de exponer mis argumentos sin tener que entrar en la lucha de aquellos años de querer convencer al que tenía enfrente.

Así, he estado impartiendo algunas sesiones de igualdad de oportunidades por diferentes localidades y tipologías de grupos, fundamentalmente, del medio rural extremeño; el hecho de la ruralidad, es independiente, pues ya sabéis que las mentes lúcidas y las estrechas se reparten por todos sitios. Recuerdo que alguna vez bromeaba con algunas amigas sobre lo de “que dios me libre del sexista benevolente, que del hostil, me libro yo”.

Y bueno, pues todos los grupos de nuevo, se han caracterizado por un desconocimiento profundo de los términos – machismo, hembrismo, feminismo y masculinismo -, la mayoría piensa que todo esto de la lucha por la igualdad de oportunidades entre sexos está superado, muchos piensan que los adolescentes y niños de hoy en día no tienen esos problemas y pocos se han parado a analizar desde la perspectiva de género situaciones cotidianas que se dan todos los días en nuestros entornos, roles que se asumen como propios de un género, etc.

ansioliticos

La mayoría está cargada de estereotipos de género – como yo también lo estaba y en ocasiones “se me afloja la diadema” (un lenguaje propio de Rosetta Forner) – y ante esto, y considerando que todos aprendemos por imitación – fundamentalmente, de nuestros padres -, todo se perpetúa y ahora que la mujer se (mal)piensa liberada, resulta que no ha resuelto la raíz del problema, que es la no corresponsabilidad de la tareas domésticas y las responsabilidades familiares en el hogar, con lo que, las que están entre los 30 – 45 años, llega un momento que ante las presiones del entorno – el suelo pegajoso – y la cultura empresarial, que monta reuniones de trabajo ineficaces y largas a las 20 horas de la noche – techo de cristal – termina por renunciar y/o en ocasiones, por hincharse a consumir ansiolíticos – como así apuntaban las consultas a numerosas fuentes que hicimos en el estudio sobre consumo de alcohol, tabaco y psicofármacos -, a no ser que haya desarrollado grandes habilidades sociales, se haya empoderado sanamente – sin rencores ni despecho – y sea capaz de negociar en la intimidad que la frase “Hogar, dulce hogar” pueda ser una realidad para ambos miembros de la pareja (en este caso, obviaré a las otras tipologías de familia por no alargarme demasiado en la entrada).

La violencia de género, la igualdad de oportunidades y el desarrollo sostenible

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Desde el inicio de este blog, las efemérides – #EcoAgenda – que han ido apareciendo han tenido que ver, exclusivamente, con lo ambiental -, sin embargo, sí que me ha apetecido escribir una entrada sobre el 25 de noviembre – Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer – precisamente, por tener recientes mis experiencias formativas y porque como mujer (que tiene incorporada en su vida la perspectiva de género) observo esta violencia continuamente en el entorno.

Se toma el término machismo muy a la ligera. Aunque existen muchas definiciones de la palabra, a mi me gusta especialmente esta: “convicción estereotipada de que las mujeres son inferiores a los hombres por naturaleza”.

El estereotipo, es una etiqueta que se le coloca a un grupo determinado, y que se acepta socialmente. Psicológicamente, su explicación radica en que necesitamos resumir la información para poder sobrevivir y por ello hacemos uso de los estereotipos. Por ejemplo: “los catalanes son tacaños”, “los extremeños son brutos”, etc. El estereotipo de género tiene que ver con esas etiquetas que se le asocian a la mujer y al hombre desde el punto de vista social, extendiendo las diferencias sexuales – innegables y certeras – a diferencias de género y confundiendo el sexo con el género. Por ejemplo: “todas las mujeres quieren casarse”, “todas las mujeres quieren tener hijos”, “todas las mujeres tienen instinto maternal”, “las mujeres son manipuladoras”, etc. Ya habló de todo esto mi querida Simone de Beauvoir en su libro “El segundo sexo” sobre el que hay un documental que recomiendo y que se resume en esta frase: “No se nace mujer, se llega a serlo”.

La relación entre las 3 ideas, para mi, está clara. Si llega a existir una verdadera igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, en la que la corresponsabilidad en el hogar sea una realidad, estaremos acercándonos al logro de un verdadero desarrollo sostenible. Por el contrario, si se fomenta y se alimenta el estereotipo de género y los 4 agentes de socialización de género siguen actuando de ese modo tan cruel y macabro – aceptándose socialmente afirmaciones del tipo “se te va a pasar el arroz” -, se seguirán perpetuando los roles de género y la violencia de género no desaparecerá. El córtex cerebral está para darle uso, así que aludo al uso de la razón como guía en la vida para no tratarnos como animales y favorecer las relaciones conscientes y voluntarias, en las que dos personas intercambian valor por valor, en lugar de hacerse la vida imposible y tratar al otro como esclavo y/o amo.

Lo escribe: PAZ HERNÁNDEZ PACHECO

 

 

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2 respuestas a #FilosofíaDelOjo – Desarrollo sostenible, igualdad de oportunidades y violencia de género

  1. M CRESPO dijo:

    Esta entrada es deliciosamente reconfortante para el intelecto y para el alma.
    Muchas gracias, especialmente por la frase “el desarrollo intelectual y la apertura mental son una responsabilidad individual y que, por otra parte, las bibliotecas son gratis.”
    Es imprescindible empezar así los lunes.

    Besos.

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